UNA REVELACIÓN INESPERADA

Publicado en LITERAUTAS

Se giró al escuchar el grito y le entró un miedo que le apretujó el corazón como si fuera una bolsa de patatas fritas vacía a la que había que tirar a la basura.


Todo había ocurrido muy deprisa y, sin embargo, el tiempo parecía haberse detenido. Sus manos aún agarraban los pechos de la mujer que tenía a su izquierda y el sudor perlaba su frente por el esfuerzo y la expectación. Era una pelirroja imponente, de pecas hasta en los muslos y boca jadeante. Cada vez que le daba un pellizco en sus rosáceos pezones se mordía los labios con la precisión de una actriz porno. Además manejaba con maestría las manos hundiendo sus dedos en zonas oscuras que Mario acababa de descubrir.


La había conocido esa misma noche, en aquel tugurio oscuro de gruesos cortinones en las ventanas al que había acudido por recomendación de Candela.

–Allí encontrarás lo que buscas -le había dicho.

Y ciertamente así había sido. Un par de rondas y algo de bachata caliente habían obrado el milagro. En menos de media hora una habitación reservada solo para ellos ardía con las llamas del sexo más atrevido.


Mario era un novato en estos mundos, pero Candela era toda una experta. Y qué mejor que aprender con tu mejor amiga, la que no te traicionaría nunca, aquella que sólo desea tu felicidad.


Había conocido a Candela en los tiempo en los que sólo se preocupaban de sacar un cinco pelado para poder salir de borrachera al sábado siguiente. Y de aquello hacia ya unos cuantos años.

Ella era su ángel de pelo negro, de piel traslúcida y mirada fanfarrona. Para ser más exactos, su ángel de la guarda. Y es que ella le había pasado las chuletas de química por debajo de la mesa, le había llevado al hospital en todos y cada uno de sus comas etílicos, se había hecho pasar por su novia para librarse de las chicas plastas que lo querían cazar y le había aliviado los momentos de soledad como ninguna amiga lo habría hecho jamás.

Una gata salvaje, cariñosa al atardecer, huidiza por la mañana.


Y ahora allí estaban los dos. Desnudos, pegados a los restos de ginebra que dejaba cada beso, envueltos en los remolinos de humo de los cigarros prohibidos que de cuando en cuando se apresuraban a degustar.

A un lado la pelirroja, al otro Candela, y en medio sólo él.

Y Candela gritando, con ese timbre que tantas veces él mismo había tocado. Tan reconocible y a la vez tan lejano. Mario siempre supo que podía causarle más placer que ningún hombre pero que eso no la hacia mas suya. Y nunca le importó.

Pero si eso era verdad por qué sentía tanto miedo. Quizá porque sabía que el grito de Candela era irresistible para él y que entonces aquella primera incursión en el mundo de los tríos terminaría pronto.

Quizá.


En aquel preciso momento todo ocurrió a cámara lenta. Sus ojos se concentraron en una Candela retorciéndose entre sus propias manos, sin ayuda de nadie. El mundo se difumino a su alrededor. Parecía que sólo existieran ellos dos. La busco con urgencia y de un solo golpe la subió a horcajadas sobre su pubis erecto. No hizo falta moverla más. De inmediato el latido de su corazón se puso a golpear contra sus sienes, contra su pecho, contra su ingle. Bombeó un millón de impulsos eléctricos que recorrieron su cuerpo erizando hasta los pulgares de sus pies. Y entonces su existencia se paralizó en una eternidad ingrávida donde sólo estaban ellos dos. Ni siquiera sus cuerpos eran tangibles ahora. Se habían convertido en esencia, en pura energía.

Nunca antes un orgasmo había sido tan especial.


Y al fin, cuando el mundo volvió al girar con ellos dentro, y la magia hubo desaparecido de los ojos de Candela, Mario sintió de nuevo aquel miedo atroz, aquel que le aplastaba el corazón como si fuera una bolsa de patatas fritas crujiente y fría que hubiera que tirar a la basura. El mismo terror que no dejaba salir las únicas palabras que no había pronunciado nunca.

Entonces Candela, su ángel de la guarda, acudió de nuevo para salvarle.


–Yo también te quiero –le susurró al oído.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s